sábado, 19 de noviembre de 2011

Cuba comparta sus experiencias en agroecologia


Por Dalia Acosta

15 Nov. (IPS) — Especialistas y productores de Haití, Guadalupe y
Martinica recorren esta semana los campos de Cuba, junto a sus colegas
locales, como parte de un intercambio de experiencias para impulsar la
fruticultura ecológica en las islas del Caribe.


“Me voy con otra visión. No tiene por qué haber antagonismo entre
producción y naturaleza. A partir de ahora aplicaré el lombricompost
(abono orgánico producido por las excretas de las lombrices), que no
necesita de grandes inversiones, y sé que muchas personas lo verán y
querrán reproducirlo”, dijo a IPS la guadalupense Audrey Retory,
productora de frutas, hortalizas y aves.

“Los expertos y los productores han compartido todas las informaciones
que poseen, y nosotros hemos tratado de aprovechar esa gran
posibilidad y ventaja para trasladarlas a nuestros coterráneos”, opinó
por su parte Djuié Abdul, agricultor de Martinica y uno de los 22
participantes en el encuentro.

Validar las experiencias cubanas y transferir tecnología al resto de
las islas involucradas es uno de los objetivos de la Red de Caribeña
para el Desarrollo de Sistemas Agroecológicos Horto-Frutícolas
(Degav), que se ejecuta entre 2009 y 2012 con el apoyo de las
embajadas de Francia en Cuba y en Haití.

El curso, que comenzó en La Habana el 7 de este mes, es la acción más
importante de esa iniciativa que impulsa el desarrollo de los sistemas
agroecológicos en islas del Caribe, donde el uso intensivo de
plaguicidas provocó la contaminación de los suelos, frutos y las
producciones finales.

El programa Degav incluye intercambios con cooperativas exitosas en el
cultivo de frutales, estudios sobre la aplicación de técnicas
agroecológicas en una empresa estatal del oriente de Cuba y visitas a
una experiencia de inserción de animales en los cultivos de frutales
para lograr una explotación sostenible en la central provincia cubana
de Ciego de Ávila.

“Cada uno de estos productores tiene su agricultura específica, pero
tienen en común el clima y las plagas, que son una constante en
nuestras islas”, dijo a IPS la coordinadora cubana del proyecto Lilian
Otero Pujol.

“Cuba puede mostrar cómo, a pesar de las limitantes económicas, se ha
avanzado con los bioproductos y la aplicación de práctica
agroecológicas”, apuntó.

Además de la validación de experiencias cubanas, la iniciativa
promueve la investigación conjunta entre los institutos existentes en
la región, la capacitación de profesionales y productores y la
creación de una red de intercambio entre productores de las islas,
promotores de agricultura, investigadores y técnicos.

La agricultura ecológica se basa en principios de autosustentabilidad
en los establecimientos rurales, con un ciclo cerrado, donde se
promueve la fertilidad del suelo a través del enriquecimiento con
aplicaciones de compost y coberturas vegetales, el uso de variedades
adecuadas a la región, la diversificación y la humanización del
trabajo de las personas.

Según Otero Pujol, especialista del Grupo de Manejo de Frutales del
Instituto de Investigaciones de Fruticultura Tropical de Cuba, se
trata de alternativas esencialmente rústicas que los productores
pueden introducir en sus parcelas, “hacerlas con sus manos”, pues no
implican complicaciones técnicas, y pueden ser adaptadas a las
condiciones de cada lugar.

“El compost, la lombricultura, el intercalamiento de varios cultivos
en un mismo campo y el aprovechamiento de los enemigos naturales de la
plagas son algunas de las prácticas factibles de emplear como parte
del concepto de fruticultura agroecológica”, explicó la investigadora.

El proyecto Degav parte de la constatación de un insuficiente
desarrollo de producciones hortícolas agroecológicas o biológicas en
el Caribe, a pesar de que estas son identificadas como una componente
esencial de una alimentación sana, de autosuficiencia alimenticia y
como fuente de ingresos.

La iniciativa pretende acelerar la puesta a punto de sistemas de
cultivos innovadores y adoptables para satisfacer la fuerte demanda de
los mercados locales en productos frescos y sanos, reduciendo al mismo
tiempo el impacto negativo de esos cultivos sobre medios ambientes
insulares muy limitados y frágiles.

Los beneficios económicos de la propuesta no son despreciables y abren
la puerta de mercados cada vez más exigentes, trascendió en el curso.
Estadísticas oficiales indican que Cuba exportó a Europa entre 2009 y
2010 más de 1.000 toneladas de jugo de toronja y naranja, además de
coco y mango, producidos con estos métodos.

“Queremos beneficiarnos de las experiencias de Cuba y poder llevar
esas prácticas, que no implican el uso de plaguicidas y reportan
buenos resultados financieros”, indicó Cristian Lavigne, del Centro de
Cooperación Internacional de Investigaciones para la Agricultura y el
Desarrollo (Cirad), del territorio francés de ultramar Martinica.

A su vez, Otero Pujol, señaló que “la idea es crear la red y que los
propios productores se conviertan en promotores de estas experiencias
para multiplicarlas en sus islas y mantenerlas aun cuando haya
finalizado el proyecto”.

Ricot Scutt, productor, investigador y profesor de Haití, afirmó que
las experiencias cubanas podían tener una gran aplicación en su país,
pues ambos países tenían similares climas, cultivos y tipos de suelo,
y además no requerían de grandes sumas de dinero para aplicarlas.

“La seguridad alimentaria es un tema de mucha importancia, y estas
tecnologías pueden ser transmitidas de manera sencilla a personas con
pocos conocimientos y recursos y con gran necesidad de incrementar sus
producciones”, consideró.

Para la coordinadora por la parte cubana del proyecto Degav, la
metodología aplicada en el curso demostró su eficacia: “la teoría que
han recibido son las bases científico-técnicas. Después, en las
visitas, ven que no se trata de fantasía. Tocan con sus manos lo
aprendido”, aseguró la experta cubana.

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